Mixed fragments connected by a common theme.

Different stages of life full of stories, each one seen just like a movie with its own plot and setting; some of which you get hooked on and think they should never end, but they do.  Others that go unnoticed and you almost have trouble remembering them.

There are those that leave you breathless and those that make you laugh and cry at the same time.

Some of them are like a horror movie – just by hearing the soundtrack you know you’re going to get scared but you stay until the end anyway.  This can be out of bravery or just simple foolishness.

There are those you like to share and others you’d rather keep to yourself and enjoy in your own company.

Those that make you stop and think and others that are like a mystery you can’t solve.  They put your instinct and intelligence to work, hand in hand. It’s all about defeating frustration and discovering the unknown until you reach a conclusion.

Some take you back to your childhood while others transport you to the future – two opposite worlds that if you manage to have a bit of each you can be in complete harmony.

Love and hate stories are like a constant tragic-comedy.  These tend to be predictable, recurring and almost always the most successful.

There are those of adventure which help you maintain a high level of adrenalin.

And those that by means of a third person, teach you a lesson or serve as a lifetime reference.

The truth is that I could go on forever searching hundreds of parallels between movies and stories that happen to us throughout our lives but in the end the common element is that in one way or another they all have a conclusion.

The moral of all of these stories/movies is that we can always learn, grow and hit “play” again and again.

Just like a movie

Fragmentos dispares conectados por un hilo conductor.

Etapas repletas de historias, cada una de ellas vista como una película, con su propio argumento y género; Están aquellas que te enganchan y piensas que no deberían acabar nunca pero igualmente lo hacen. Otras sin embargo, que tímidamente pasan desapercibidas y casi hasta te cuesta recordarlas.

Están las que te dejan sin respiración y las que te hacen llorar de risa y pena a partes iguales.

Algunas de ellas son de verdadero terror, esas que solo con escuchar la música introductoria tienes la certeza de que sufrirás el miedo. Aún a sabiendas de eso, te quedas hasta el final. Llámalo valentía, llámalo insensatez.

Están las que te gusta compartir y las que prefieres disfrutar en tu sola compañía.

Las que te hacen reflexionar y las que te parecen un misterio que no consigues resolver.  Ponen a trabajar mano a mano tu instinto e inteligencia. Se trata aquí de vencer la frustración e ir revelando incógnitas hasta llegar a una conclusión.

Aquellas que te devuelven a la infancia y las que te transportan al futuro. Dos mundos contrapuestos que si consigues tener en ti un poquito de cada uno, estarás en un perfecto equilibrio.

Aquellas de amor y desamor, que no son más que una tragicomedia constante. Suelen  ser predecibles, repetitivas, que no sé que tendrán pero siempre acaban siendo las más exitosas.

Las de aventuras, que te mantienen con un alto nivel de adrenalina.

Y las que básicamente a través de terceras personas te dan auténticas lecciones de vida o referentes de actuación.

Lo cierto es que podría seguir buscando cien mil paralelismos más de películas con historias que suceden en el transcurso de tu vida, y al fin y al cabo el elemento común  no es otro que la certeza de que todas ellas, de una manera u otra, concluyen.

Y  es tras esa conclusión cuando podemos extraer una moraleja: se trata por tanto de aprender, evolucionar y darle a un nuevo “Play”

Y así, constantemente.

Patricia U.K.