Maleta en mano y haciendo algún que otro malabar por las escaleras empinadas con cierta dignidad, o eso creíamos: sentíamos ya los primeros pinchazos de nostalgia.

Que no llegue el taxi por favor. Que el avión se cancele.

Habían sido sólo 4 días, pero en el paraíso. Y eso vale doble o cuádruple, ¿no es así como se cuenta?

Qué fácil es adaptarse a un lugar como Positano; donde la gente te acoge como si fuese tu propia casa, donde cualquier rincón que elijas para comer es un acierto, donde anocheces con salitre en la piel, bailas después de un par de copas (por no hacer la numeración exacta) y las olas hacen el sonido de fondo. Donde la gente tiene una personalidad de oro, fuerte y alegre.

Y ojo, que nuestra abuela es Napolitana, por lo que algo de allí ya llevábamos en la sangre, pero vale la pena conocer y descubrir siempre un poco más.

Cuántas veces habíamos visto ese sitio de película en fotos y ahora allí estábamos, charlando sobre la vida, esperando nuestros Spaguetti Frutti di Mare con un tono de piel tostado después de todo el día bajo el sol del mediterráneo “Il dolce far niente”.

Pero no todo es de color de rosa. He de confesar que todas las escaleras del mundo que podáis llegar a imaginaros, están allí, en Positano, y nosotras por supuesto, vivíamos en la cima. Llamadlo Karma, porque para presumir, hay que sufrir, o llamadlo equilibrio de la vida, que todo no se puede.

Que sepáis que justo antes de irnos – en el “momento maleta” que he mencionado al principio – un señor autóctono nos hizo prometerle que volveríamos, así que es una cuestión de honor que debamos hacerlo. Queda registrado.

Para terminar, si algún día viajáis a esa maravilla de lugar, quedaos en Villa Mary, que se ha convertido en uno de mis sitios favoritos, y su gente es encantadora.

 

Trolley in hand, carefully climbing the steep steps and trying not to look clumsy, we could already feel that strange pain called nostalgia.

Please don´t let the taxi arrive. Please let them cancel our flight.

It’s so easy to adapt to a place like this where the people make you feel completely at home and where whichever place you choose to eat is the best; where the sun sets and you’re still in your bathing suit; where you dance after a couple (or more) drinks and the sound in the background sea; where the people have a strong, open personality.

Our grandmother is from Naples so we’d seen this incredible place in so many pictures and heard so much about it.  And finally, there we were, talking about everyday things, waiting for our Spaguetti frutti de mare with our nice tan after spending all day under the Mediterranean sun!  “Il dolce far niente”

However, beware of the stairs! All the stairs you can imagine and more are in Positano! And of course we stayed at the very top – with the best view though.

And just before leaving – that moment when we’re climbing the stairs I mentioned at the beginning –  a local gentleman made us promise we would return. So, we definitely have to keep the promise!

If you ever have the privilege of visiting this incredible place, make sure you stay at Villa Mary.  It is now one of my favorite places ever and the people there are the best.

Patricia U.K.