Maleta en mano y haciendo algún que otro malabar por las escaleras empinadas con cierta dignidad, o eso creíamos: sentíamos ya los primeros pinchazos de nostalgia. Que no llegue el taxi por favor. Que el avión se cancele. Habían sido sólo 4 días, pero en el paraíso. Y eso vale doble o cuádruple, ¿no es así como se cuenta? Qué fácil es adaptarse a un lugar como Positano; donde la gente te acoge como si fuese tu propia casa, donde cualquier rincón que elijas para comer es un acierto, donde anocheces con salitre en la piel, bailas después de un…